En la economía del regalo confiamos.
¿Qué queremos decir cuando hablamos de Free Walking Tour? Mucha gente desconoce el concepto y piensa que “Free” significa simplemente “sin coste ni pago”. ¿Entonces por qué habría de trabajar gratis? Pero estamos perdiendo el sentido real. El diccionario de inglés recoge más de 20 acepciones de la palabra “Free”; solo una de ellas es “sin coste ni pago”. Cuando hablamos de Free, hablamos de libertad, no de precio: es “la capacidad de actuar o hacerse algo según se desee; no estar bajo el control de otro”. Solo manteniendo esta premisa es posible comprender de verdad nuestra idea de Free Walking Tour.
Describe una actividad a la que la gente decide unirse libremente, sin ninguna obligación. ¿Y cuánto cuesta? Ahí está el quid de la cuestión: no hay un precio fijo, los participantes deciden por sí mismos cuánto vale. Free Walking Tour, como muchos otros modelos —piensa en las tecnologías de código abierto— se basa en la economía del don, o más precisamente en un sistema en el que bienes y servicios no se intercambian ni venden, sino que se ofrecen sin un acuerdo explícito, según la relación DAR–RECIBIR–DEVOLVER (también llamada “círculo del don”).
En una sociedad persuadida a acumular o comprar cosas, dar es sin duda una elección radical. Sin embargo, todos conocemos o formamos parte de sistemas de economía del don: damos a diario porque nos hace sentir bien. El regalo siempre ha sido uno de los rasgos distintivos de la sociedad humana; hoy, con la prevalencia de la economía de mercado, se ha convertido en algo personal, encerrado en nuestra esfera privada.
No obstante, los ejemplos de negocios basados en la donación son numerosos —¡piensa en la economía doméstica!—. La principal diferencia es la libertad: la ausencia de coacción, contrato u obligación entre las partes. No significa que no exista un “deber” —hablaríamos entonces de ‘gratitud’: si alguien nos da algo, sentimos que le debemos algo—, sino que no hay garantías: los participantes fijan el precio. Conceder libertad a las personas es, al fin y al cabo, una estrategia exitosa: la gente es más consciente del valor de lo que hace o compra.
El foco se traslada de las cosas que se intercambian a las personas que intercambian, impulsadas por un sentido de justicia y por sus propios recursos económicos. ¿Estamos locos por confiar en la economía del don? No lo creemos. Deseamos vivir en una economía más humana. Debemos derribar el mantra del precio como único valor y volver a poner a las personas en primer lugar.














































































